Durante el segundo semestre de 2012, Bogotá vivió uno de los episodios más significativos de su incipiente movimiento de redes libres. El Segundo Gran Curso de Redes Libres reunió a decenas de personas —estudiantes, ingenieros, activistas, curiosos— en tres hackerspaces de la ciudad con un objetivo común: aprender a construir, desde cero, los nodos de una red inalámbrica comunitaria capaz de funcionar sin depender de ningún proveedor comercial de Internet.
La premisa era sencilla en su formulación y ambiciosa en su alcance. Si cada participante podía instalar un router con firmware libre en su techo, configurarlo para que hablara con los routers vecinos y repetir el proceso suficientes veces, Bogotá tendría una red de telecomunicaciones ciudadana, descentralizada, resiliente y completamente libre. Ese era el sueño. Y el curso fue el primer paso para convertirlo en realidad.
¿Qué es una red mesh y por qué importa?
Una red mesh —o red en malla— es una topología de red donde cada dispositivo (llamado nodo) se conecta directamente con otros nodos cercanos, formando una estructura de malla que no tiene un punto central de fallo. A diferencia de las redes convencionales, donde todo el tráfico pasa por un único router o una antena de un operador de telecomunicaciones, en una red mesh el tráfico salta de nodo en nodo hasta llegar a su destino. Si un nodo se cae, la red automáticamente encuentra otra ruta.
Esta arquitectura tiene implicaciones profundas. En términos técnicos, una red mesh es tolerante a fallos, escalable por diseño y puede cubrir grandes áreas geográficas sin necesidad de infraestructura costosa. Pero más allá de la ingeniería, una red mesh comunitaria es un acto de soberanía digital. Es la comunidad diciendo: podemos construir nuestra propia infraestructura de comunicaciones, no necesitamos esperar a que un operador privado decida que nuestro barrio es rentable.
En 2012, esta idea no era nueva a nivel mundial. Proyectos como Freifunk en Alemania, guifi.net en Cataluña y Wireless Leiden en Holanda ya habían demostrado que las redes comunitarias podían funcionar a escala. Pero en América Latina, y particularmente en Colombia, la iniciativa todavía estaba en sus primeras fases. Bogotá Mesh, fundado en 2008, era una de las pocas organizaciones que intentaba llevar este modelo al contexto colombiano, y el Segundo Gran Curso fue su apuesta más ambiciosa por masificar el conocimiento.
Tres hackerspaces, una misión
El curso se desarrolló en tres sedes que reflejaban la diversidad del ecosistema hacker bogotano de la época.
Hackbo
El hackerspace más consolidado de Bogotá en aquel momento. Ubicado en el centro de la ciudad, Hackbo funcionaba como laboratorio ciudadano, espacio de coworking y punto de encuentro de las comunidades de software libre, hardware abierto y cultura digital. Sus mesas vieron nacer buena parte de los primeros nodos de Bogotá Mesh. Aquí se impartieron las sesiones más teóricas del curso: fundamentos de redes TCP/IP, topologías de malla, fundamentos del espectro electromagnético y una introducción detallada al protocolo B.A.T.M.A.N.
Plataforma Bogotá
Laboratorio de creación y nuevos medios del Instituto Distrital de las Artes (Idartes). Con una vocación más artística que puramente técnica, Plataforma Bogotá aportó un enfoque interdisciplinario al curso. Aquí las sesiones se centraron en la construcción física de antenas: cómo fabricar una antena direccional casera con una lata de café (la célebre cantenna), cómo calcular la ganancia en decibelios, cómo orientar el haz para enlazar dos puntos a varios kilómetros de distancia.
Bakata Hacklab
El espacio más joven y experimental de los tres. Bakata Hacklab, con fuerte influencia del movimiento de cultura libre y hacktivismo latinoamericano, acogió las sesiones prácticas finales del curso: la instalación real de nodos, el flasheo de firmware, las pruebas de conectividad y la puesta en marcha de servicios sobre la red mesh. Aquí los participantes pasaron de la teoría a la práctica con routers reales, cables reales y tejados reales.
La estructura del curso
El Segundo Gran Curso de Redes Libres se organizó en una serie de sesiones semanales durante aproximadamente seis semanas, cada una progresando sobre la anterior en un recorrido que iba desde los fundamentos teóricos hasta la instalación completa de un nodo operativo.
Temario del curso
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01
Fundamentos de redes — Modelo OSI, TCP/IP, direccionamiento, subredes. ¿Cómo viajan los datos de un punto a otro?
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02
Redes inalámbricas y espectro — WiFi 802.11, frecuencias 2.4 GHz y 5 GHz, interferencias, regulación del espectro en Colombia, zona de Fresnel.
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03
Protocolos de enrutamiento mesh — OLSR, B.A.T.M.A.N., Babel. Comparación técnica. Por qué Bogotá Mesh eligió B.A.T.M.A.N.
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04
Firmware Nightwing — Introducción a OpenWrt, compilación del firmware personalizado de Bogotá Mesh, flasheo de routers.
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05
Construcción de antenas — Cantenna, antenas Yagi, antenas omnidireccionales. Cálculo de ganancia, patrones de radiación, herramientas.
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06
Instalación de nodos — Selección de ubicación, montaje físico, alineación de antenas, configuración de red, pruebas de conectividad, puesta en producción.
B.A.T.M.A.N.: el protocolo que hacía posible la magia
En el corazón técnico de la red de Bogotá Mesh latía un protocolo de enrutamiento llamado B.A.T.M.A.N. (Better Approach To Mobile Adhoc Networking). Desarrollado originalmente por la comunidad Freifunk de Berlín, B.A.T.M.A.N. resolvía un problema fundamental de las redes mesh: cómo encontrar la mejor ruta entre dos nodos cuando la topología de la red cambia constantemente.
A diferencia de protocolos como OLSR, que requerían que cada nodo conociera la topología completa de la red, B.A.T.M.A.N. operaba de forma descentralizada: cada nodo solo necesitaba conocer a su mejor «siguiente salto» para cada destino. Esto reducía drásticamente el consumo de recursos (crítico en routers de bajo costo) y hacía la red más estable frente a cambios frecuentes.
El curso dedicaba una sesión completa a entender B.A.T.M.A.N. Los participantes aprendieron a leer las tablas de enrutamiento, a interpretar los paquetes OGM (Originator Messages) que cada nodo emite periódicamente, y a diagnosticar problemas de conectividad usando herramientas como batctl. Para muchos, fue la primera vez que veían un protocolo de red funcionando «en vivo» —no en un simulador académico, sino en routers reales hablando entre sí desde los techos de sus propias casas.
De cero conocimiento a nodos instalados
Quizá lo más notable del Segundo Gran Curso fue su capacidad de tomar a personas sin ningún conocimiento previo de redes y llevarlas, en pocas semanas, al punto de poder instalar y mantener un nodo mesh funcional.
El método pedagógico era profundamente práctico. Cada sesión tenía un componente teórico breve seguido de un ejercicio práctico extenso. Los participantes trabajaban en grupos pequeños, con acceso directo al hardware: routers Linksys WRT54G (el caballo de batalla del movimiento WiFi libre), equipos Ubiquiti NanoStation y NanoBridge para los enlaces de largo alcance, cables de red que ellos mismos crimpaban, y antenas que ellos mismos soldaban.
El momento culminante del curso era la última sesión, donde los grupos debían instalar un nodo completo. Eso significaba subir a un techo, montar una antena en un mástil improvisado, tirar un cable Ethernet hasta el router, flashear el firmware Nightwing, configurar los parámetros de red y verificar la conectividad con al menos un nodo vecino. Cuando ese ping respondía, el aplauso era genuino. No era teoría: era infraestructura real, construida por ciudadanos comunes, funcionando sobre el espectro libre de 2.4 GHz.
«La red no es de nadie y es de todos. Cada nodo que instalamos es un acto de soberanía tecnológica. No pedimos permiso para comunicarnos.» — Participante del curso, sesión de cierre, 2012
El firmware Nightwing
Uno de los aportes técnicos más importantes de Bogotá Mesh fue Nightwing, un firmware personalizado basado en OpenWrt y diseñado específicamente para simplificar el despliegue de nodos mesh. Nightwing integraba el protocolo B.A.T.M.A.N. de serie, incluía un sistema de autoconfiguración de direcciones IP y estaba optimizado para funcionar en routers con procesadores Atheros de recursos limitados.
En el curso se dedicaba una sesión completa al proceso de flasheo: cómo reemplazar el firmware propietario del router por Nightwing. Los participantes aprendían a usar la interfaz web del router, a cargar la imagen del firmware, a esperar con paciencia (y nervios) los minutos que duraba el proceso, y a verificar que el dispositivo arrancaba correctamente con el nuevo sistema. También se explicaba cómo compilar Nightwing desde el código fuente, para quienes quisieran personalizar aspectos del firmware.
El legado de un modelo educativo
El Segundo Gran Curso de Redes Libres no fue solo un evento educativo: fue una declaración de principios. Demostró que el conocimiento sobre infraestructura de telecomunicaciones no tenía por qué estar encerrado en universidades o empresas. Podía enseñarse en un hackerspace, con materiales accesibles, en lenguaje llano, a cualquier persona dispuesta a aprender.
Este modelo pedagógico —talleres prácticos itinerantes en espacios comunitarios— inspiró iniciativas similares en otras ciudades colombianas y en la región latinoamericana. La documentación generada durante el curso (manuales, guías de instalación, diagramas de red) se publicó en el wiki de Bogotá Mesh bajo licencias libres, y fue reutilizada por proyectos de redes comunitarias en Ecuador, Argentina y México.
El curso también fortaleció los vínculos entre el proyecto Bogotá Mesh y la comunidad de software libre colombiana, particularmente la comunidad de Ubuntu Colombia, que difundió la convocatoria a través de sus listas de correo y canales IRC. Muchos participantes del curso llegaron precisamente por esas redes de difusión, lo que demuestra cómo las comunidades de software libre funcionan como ecosistemas de conocimiento interconectados.
En retrospectiva, el Segundo Gran Curso de Redes Libres representó el momento de mayor energía educativa del proyecto Bogotá Mesh. Los nodos instalados durante el curso formaron parte de la red que conectaba barrios como La Estrella, Acacías y zonas del sur de Bogotá, y varios de esos nodos siguieron operativos durante años después del curso.
Más de una década después, las ideas sembradas en aquellas sesiones siguen germinando. Las redes comunitarias han ganado reconocimiento institucional en Colombia y América Latina. Organizaciones como la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC) y la Internet Society hoy promueven modelos de conectividad comunitaria que descienden directamente de la tradición que proyectos como Bogotá Mesh ayudaron a construir.
El legado del Segundo Gran Curso no se mide solo en nodos instalados o participantes capacitados. Se mide en una idea que quedó sembrada: que las telecomunicaciones no tienen por qué ser un servicio que se consume pasivamente. Pueden ser una infraestructura que se construye colectivamente, un bien común digital, una expresión de autonomía ciudadana. Esa idea, una vez plantada, no se apaga.